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¿Qué sería de mi vida si pudiera atreverme?

hkuilan
9 oct
4 min de lectura

Luego de llevar años buscando respuestas, sintiendo que caminaba a oscuras, alguien me dijo: «Toda tu vida te han dicho unas historias acerca de ti que no son ciertas, que no definen en nada quién eres, pero sí te han encerrado en una cárcel. ¿Qué sería de tu vida si pudieras soltar esas historias e internalizar que no son ciertas? Imagina cómo sería tu vida sin esas paredes que te detengan».


Así fue como nació este poema.


La cárcel


¿Qué sería de mi vida

si pudiera atreverme

a sacar de mí esos cuentos

que han logrado detenerme?


¿Por qué se nos hace tan difícil salir de nuestra cárcel? En mi caso, no es que no quisiera; es que no sabía cómo. Parece ilógico, pero así es.


A veces crecemos siendo como el elefante del circo, que de pequeño no pudo romper sus cadenas y de grande dejó de intentarlo, sin saber que ya tenía la fuerza para romperlas.


Muchos de los límites con los que vivimos no los elegimos con plena conciencia: los fuimos absorbiendo. Un comentario descuidado de la infancia. Una creencia familiar sobre lo que es posible. Un fracaso que se volvió etiqueta. Una comparación que se convirtió en vergüenza.





¡Yo sí puedo!


Alumbrando el camino con mi fuerza y voluntad

Un día me cansé de tener miedo y de dejar que esas historias siguieran deteniéndome. Me pregunté: ¿qué sería si me atreviera? ¿Qué tengo que perder?


El coraje no siempre es sentirse audaz. A veces se ve como enviar el mensaje, presentarse a la cita, solicitar la oportunidad, pedir perdón, volver a empezar o admitir que algo tiene que cambiar.


La meta no es volverse intrépido. La meta es dejar de darle al miedo el voto final.


¿Cómo sería mi vida si pudiera creer en mí en los días en que creer se siente difícil?


La respuesta quizás no llegue de golpe. Puede aparecer en pequeñas decisiones:


  • Hablar de mí con más respeto.

  • Intentarlo de nuevo después de una decepción.

  • Pedir ayuda sin llamarme débil.

  • Dar un paso antes de sentirme completamente listo.

  • Dejar que el esfuerzo cuente, aun cuando el resultado sea incierto.


El miedo suele crecer en el silencio, pero se encoge cuando se enfrenta con acción, apoyo y verdad.


Eye-level view of a person standing on a quiet path at sunrise


Encontrando mi camino entre dudas y tropiezos


¿Qué sería de mi vida si pudiera equivocarme?

Esta es una pregunta que puede resultar incómoda, pues nos han enseñado a ver los errores como un fracaso o un peligro. Un error pudo haber significado crítica, vergüenza, rechazo o castigo. Por eso, la mente aprende a evitarlos.


Vivimos en un mundo que no solo nos enseña, sino que nos empuja a ser perfectos. Vivimos fascinados con esa idea ilusoria de la perfección, a pesar de que la esencia de la experiencia humana es la de aprender a través de los tropiezos. La mayoría de la gente suele minimizar el esfuerzo que algo le costó y prefiere fingir que fue fácil. Decir «me costó trabajo» o mostrarse vulnerable en el momento de la caída es algo inaceptable para muchos.


Pero crecer requiere contacto con lo desconocido. Nadie construye una vida real sin tropiezos.


Aprender lo que quieres significa descubrir lo que no quieres. Construir confianza muchas veces significa hacer algo mal antes de hacerlo bien.


Un error puede significar:


  • Que necesitas más práctica.

  • Que necesitas mejor apoyo.

  • Que necesitas un método diferente.

  • Que necesitas descanso.

  • Que necesitas información más clara.

«La naturaleza no se apresura y, sin embargo, todo se logra».—Frase atribuida a Lao Tse

Wide-angle view of a winding trail with small stones after rainfall


Hacerse cargo no es lo mismo que culparse


Mi camino, mi destino, solo yo puedo elegir.

No quiero negar las injusticias de la vida, pero tampoco quiero vivir preso de la tiranía del pasado.


La culpa atrapa la mente en la vergüenza. Hacerse cargo devuelve la mente a la capacidad de actuar.


Puede haber cosas que no elegimos: nuestro pasado, las acciones de otras personas, puertas cerradas o temporadas en las que sobrevivir consumió toda nuestra energía. Aun así, dentro de la vida que tenemos ahora, hay decisiones que nos pertenecen:


Cómo nos hablamos.


Qué límites ponemos.


Qué ayuda buscamos.


Qué hábitos cambiamos.


Qué sueño dejamos de ignorar.


Qué verdad por fin admitimos.


Hacerse cargo dice: «Esta es mi vida para participar en ella». Puede que no nos dé control instantáneo sobre todos los resultados, pero nos devuelve la dignidad cuando tomamos la siguiente decisión.


Overhead view of a person sitting on a blanket in a quiet meadow with an open journal


La amabilidad conmigo mismo no es un lujo


¿Qué sería de mi vida si me trato con cariño?

Esta, sin duda, es la parte más necesaria y, a la vez, la más difícil.


¿Por qué nos resulta más fácil ser compasivos con otros que con nosotros mismos? Podemos animar a un amigo, perdonar a un hijo, consolar a nuestra pareja o apoyar a alguien que sufre. Pero cuando nosotros mismos luchamos, nuestra voz interior se vuelve dura.


La amabilidad hacia uno mismo no significa evitar la responsabilidad. Significa crear las condiciones internas necesarias para crecer.


Cuando nos atacamos constantemente desde adentro, quizás sigamos funcionando, pero a menudo lo hacemos con agotamiento. Cuando aprendemos a hablarnos por dentro con cariño, tenemos más espacio para recuperarnos, volver a intentar y crecer.


La amabilidad hacia uno mismo puede sonar sencilla:


  • «Esto es difícil, pero sigo aquí».

  • «Cometí un error y puedo reparar lo que se pueda».

  • «No tengo que ganarme el descanso derrumbándome primero».

  • «Tengo permitido aprender a mi propio ritmo».

  • «Puedo cuidarme mientras crezco».


Muchas veces lo que nuestra alma más necesita es espacio para respirar, espacio para sentir, espacio para aprender y espacio para ser.


El crecimiento no solo necesita disciplina. También necesita amor, ternura y presencia.



Si me diera el permiso

de vivir con alegría

disfrutando cada instante

me pregunto, ¿qué sería?




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Héctor David Kuilan

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